Descubriendo las entrañas de Galicia
Una actividad de espeleología con niños en una cueva gallega. / Federación galega de espeleoloxía
Ana Abad de Larriva / VIGO
El accidente que sufrió la espeleóloga belga Annette Van Houtte, que hace dos semanas permaneció 80 horas atrapada en una sima en Isaba (Navarra), ha provocado que una práctica minoritaria cobrase actualidad. La espeleología consiste, etimológicamente, en la exploración e investigación de las cuevas. Deporte y ciencia conjugados. Un pasatiempo para unos, una forma de vivir para otros.
Aunque Galicia es, en su gran mayoría, granítica, y estas rocas son poco erosionables, posee varios pequeños afloramientos calizos que la hacen óptima para iniciarse en esta modalidad. Las zonas que presentan cuevas son el norte de Lugo y la Serra do Caurel, por Enciña da Lastra. En Galicia hay 400 federados en 18 clubes, algunos dedicados sólo a esta disciplina y otros que ofrecen más posibilidades, como montañismo, esquí, senderismo o bicicleta de montaña. Sólo en el último año se registraron cerca de 50 inscripciones, de las cuales un par de ellas son individuales, algo novedoso, ya que antes uno sólo podía federarse si formaba parte de un club.
La cueva reina es la de Rei Cintolo, en Mondoñedo, que mide cerca de seis kilómetros y medio, y que actualmente se encuentra cerrada al público por motivos judiciales. La gruta fue explorada por primera vez por gente del mundo de la espeleología hace 53 años y su nombre viene de una leyenda del lugar, que cuenta que el Rei Cintolo, que era el señor de todo el valle, tenía una hija muy bella llamada Xila que estaba enamorada de un conde. Pero un hechicero estaba celoso de este amor, y sepultó el reino de Cintolo en el interior de la tierra. La hermosa princesa todavía espera que un caballero valiente la devuelva a la vida. Hasta Carlos Núñez le puso “As covas do Rei Cintolo” a su conocido “An Dro”.
La sima (cavidad que se abre al exterior mediante un pozo o conducto vertical o en pendiente pronunciada) más profunda de la comunidad autónoma es Aradelas, situada en Campelos (Caurel), que mide 170 metros, seguida de la Sima Teixeira(130 m), que se encuentra dentro de una cueva de tres kilómetros de recorrido, también en el Caurel.
Para iniciarse en este deporte no se necesita tener unas características físicas determinadas. “Hay gente que no está en forma en absoluto y que practica la espeleología”, explica Serafín Valencia, presidente de la Federación Galega de Espeleoloxía. “Lo importante es ir poco a poco y ser consciente de las propias posibilidades. Hay muchos niveles dentro del deporte y si vas de lo básico a lo más complicado, no tienes problema. Galicia es un buen lugar para iniciarse, porque las cuevas no son muy difíciles de recorrer. El problema es el no considerar que esta práctica siempre conlleva riesgos. Es fundamental ir en grupos de, como mínimo, tres o cuatro personas.y alguien debe quedarse fuera por si hiciese falta llamar al 112″, asevera Valencia. “Es importante informarse antes acerca de la cueva que se va a visitar y, si es posible, llevar un mapa. Además, hay que distinguir entre el tipo de espeleología que se hace en otros sitios y el que se hace en Galicia. Aquí las cuevas ya se conocen, y están, en su mayoría, topografiadas, por eso el riesgo es mucho menor que en las exploraciones en cuevas vírgenes”, insiste. Aconseja ser precavidos: “La espeleóloga belga que tuvo el accidente en Navarra estaba explorando nuevas cuevas. Lo que le pasó a ella no se podíaprevenir. Un desprendimiento no avisa. Pero hay muchas cosas que se pueden evitar”.
Aunque no es imprescindible federarse para practicar este deporte, es conveniente hacerlo, por el seguro y porque la Federación organiza cursos y actividades que ayudan a ganar conocimientos. “Enseñamos las técnicas básicas y a usar los equipos”, aclaran en la Federación. “La experiencia se adquiere al ir con gente que sabe más que uno”, explica Carolina Rodríguez, vocal de GES Montañeros Celtas.
Pero la espeleología también se dedica al estudio de las formaciones geológicas y a la flora y fauna que se encuentran en las cavernas y en otros “túneles” subterráneos. Normalmente, los espeleológos de los clubes son los que se encargan de las topografías. Sin embargo, cuando encuentran cualquier resto de carácter arqueológico, o algún organismo poco común, transmiten el hallazgo a los profesionales pertinentes.
Antonio López, del Espeleo Club de Descenso de Cañones, dice que hay que concienciarse de que el estudio y la exploración de las cuevas se desarrolla en un medio húmedo, oscuro y no agradable para todo el mundo. “Poco a poco vas cogiendo confianza. Lo que no se puede hacer es angustiarse, porque si estás en medio de un túnel en el que tienes que estar encogido y empiezas a ponerte nervioso, lo más probable es que te quedes atrapado”, explica. “Pero, si tienes claustrofobia y pánico a la oscuridad, éste no es tu deporte. Es sucio y sufrido, y te gusta o no te gusta”, opina. “El descenso de cañones es una de las variantes que engloba la espeleología, y es más de “fiesta”, ya que se suele realizar en verano. Es más disfrutona: agua, sol… Aquí sí que puedes ir cogiéndole el gusto. Pero por eso quizás sea más peligrosa, porque la gente se confía. Hay que vadear, nadar y, a veces, hacer espeleobuceo, por lo que hay que vigilar bien lo que se hace”, aconseja López.





